
El mildiu, oídio, botrytis: estos tres hongos concentran la mayoría de las pérdidas de cosecha en la vid en Francia. Elegir el tratamiento adecuado para las enfermedades de la vid implica comparar la eficacia de las sustancias activas, su impacto en el suelo y su compatibilidad con una estrategia de reducción de insumos. Este artículo mide las diferencias entre enfoques convencionales, biológicos y palancas agronómicas, con datos recientes como respaldo.
Cobre contra azufre: comparativa de sustancias activas en enfermedades fúngicas de la vid
El cobre (caldo bordelés) y el azufre siguen siendo los dos pilares del tratamiento antifúngico en viticultura, incluyendo la agricultura biológica. Sus objetivos no son los mismos, y sus límites tampoco.
También recomendado : Prácticas de seguridad para almacenes: consejos esenciales para una protección óptima
| Criterio | Cobre (caldo bordelés) | Azufre mojable |
|---|---|---|
| Enfermedad objetivo | Mildiu (Plasmopara viticola) | Oídio (Erysiphe necator) |
| Modo de acción | Contacto, preventivo | Contacto, preventivo y parcialmente curativo |
| Efecto en el suelo | Acumulación de cobre en los horizontes superficiales | Baja persistencia, degradación rápida |
| Restricción regulatoria bio | Techo anual limitado por la normativa europea | No hay techo específico en bio |
| Límite de eficacia | Más allá de aproximadamente 300 g de cobre metálico/ha/pasada, la eficacia no aumenta más | Pérdida de eficacia por encima de 35 °C (quemaduras foliares) |
Le Monde informa que viticultores biológicos buscan proteger sus viñas del mildiu con menos cobre, priorizando estrategias preventivas en lugar de tratamientos curativos. Este techo de aproximadamente 300 g de cobre metálico por hectárea y por pasada más allá del cual la eficacia se estanca constituye un referente técnico a tener en cuenta durante el tratamiento de las enfermedades de la vid.
El azufre, en cambio, mantiene una ventaja sobre el oídio gracias a su acción parcialmente curativa. Su principal debilidad sigue siendo la sensibilidad al calor: a altas temperaturas, provoca quemaduras en las hojas y los racimos.
Ver también : Las mejores estrategias para monetizar eficazmente tu blog con Scoopium en 2026

Palancas agronómicas: reducir la presión fúngica antes de tratar
La tendencia actual en viticultura desplaza el enfoque del tratamiento hacia la prevención. Varias prácticas de manejo de la vid disminuyen directamente las condiciones favorables al mildiu y al oídio, sin recurrir a un producto fitosanitario.
Gestión de la canopia y emparrado
La humedad estancada en el follaje es el primer factor de desarrollo del mildiu. Un emparrado cuidado, combinado con un deshojado específico en la zona de los racimos, mejora la circulación del aire y acelera el secado de las hojas después de la lluvia.
Bajo un clima más cálido, el emparrado juega un doble papel: limita la humedad propicia para los hongos mientras protege los racimos de las quemaduras solares. Algunos viticultores ya adaptan la altura y la orientación de su canopia para responder a estas dos restricciones simultáneas.
Poda y aireación de los cepas
Una poda que favorece el espaciamiento entre los brotes reduce mecánicamente el tiempo de humectación de los órganos vegetales. Este enfoque es particularmente relevante contra el botrytis (podredumbre gris), cuyo desarrollo depende estrechamente del contacto prolongado entre racimos y follaje húmedo.
- Deshojado de la zona fructífera desde la cuajadura para exponer los racimos al aire libre
- Desbrotado temprano para limitar la densidad vegetal y la sombra excesiva
- Control de la cubierta vegetal en el interfilas, que regula la humedad del suelo sin competir con la vid en periodo seco
Estas palancas agronómicas no reemplazan los tratamientos, pero reducen el número de pasadas necesarias. Combinadas con un seguimiento meteorológico preciso, permiten iniciar las pulverizaciones en el momento adecuado en lugar de según un calendario fijo.
Pulverización por dron: lo que cambia la precisión de aplicación
La Unión informa en junio de 2026 sobre una experimentación en Champagne con un dron pulverizador aplicando un tratamiento de origen natural contra las enfermedades de la vid. Este tipo de dispositivo apunta a la canopia desde arriba, con una precisión que los pulverizadores arrastrados no alcanzan en parcelas en pendiente o de alta densidad de plantación.
El dron reduce la deriva de producto y limita el volumen de caldo por hectárea. En viñedos en laderas, donde el paso de maquinaria pesada compacta el suelo y deteriora las hileras, esta tecnología representa una ganancia operativa medible.
La experimentación en Champagne sigue siendo aislada en esta etapa, y la normativa francesa regula estrictamente la aplicación aérea. El uso del dron no sustituye un programa de tratamiento completo, pero abre una vía para parcelas de difícil acceso y aplicaciones de productos de biocontrol a baja dosis.

Estrategia de tratamiento integrada: articular química, biología y agronomía
Un programa eficaz contra las enfermedades de la vid nunca se basa en una sola sustancia. La alternancia de modos de acción (contacto, penetrante, sistémico en convencional) limita el riesgo de resistencia de los hongos, un problema documentado en el oídio con ciertas familias de fungicidas.
- Posicionar el cobre como preventivo estricto, antes de los episodios de lluvia anunciados, sin superar el umbral de eficacia por pasada
- Alternar azufre y productos de biocontrol en oídio para reducir la presión de selección
- Integrar los datos meteorológicos (modelos de previsión de mildiu) para espaciar los tratamientos cuando el riesgo es bajo
- Complementar con las palancas agronómicas (deshojado, emparrado, gestión de la cubierta vegetal) para reducir la presión fúngica base
La reducción del número de tratamientos pasa por su mejor posicionamiento, no por su eliminación. Un viticultor que trata seis veces en el momento adecuado protege mejor su vid que otro que trata diez veces según un calendario rígido.
Los viñedos enfrentados al black-rot o al esca añaden una capa de complejidad adicional: el black-rot requiere intervenciones muy tempranas sobre las hojas, mientras que el esca, enfermedad de la madera, no responde a ningún tratamiento curativo homologado y se maneja principalmente mediante la poda de restauración y el reemplazo de los cepas afectadas.
La elección de una estrategia de tratamiento depende de la variedad, el terroir, el clima local y el historial sanitario de cada parcela. Los datos recopilados temporada tras temporada – presión parasitaria, estadios fenológicos, acumulación de lluvia – siguen siendo la mejor herramienta de decisión para ajustar las intervenciones y reducir las dosis sin comprometer la cosecha.